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EL DÍA DESPUÉS DE TERMINAR UNA RELACIÓN

  • Feb 10
  • 3 min read

Probablemente, alguna vez en tu vida, has experimentado algún tipo de dolor muy intenso, ya sea porque sufriste una caída fuerte, un accidente grave, o simplemente tu cuerpo empezó a doler y entonces no conocías la razón. Bueno, estos dolores de los que te hablo, se sienten en la piel o dentro del cuerpo, y con un poco de intervención médica, tal vez pronto sentimos alivio.

El dolor del que quiero hablar hoy, es un tipo de dolor para el cual, de lo que yo conozco, no existe aún una medicina o remedio mágico que lo alivie. Estoy hablando del dolor emocional que trae consigo la pérdida de una relación con la persona a quien tu creíste amar con todas tus fuerzas. El día después de terminar una relación es uno de esos días que se graban en la memoria y en el alma, tanto porque es el "inicio del fin" de nuestras ilusiones, como porque va a ser el día en el que el proceso de sanación va a comenzar.

Recuerdo el día después de terminar la relación más significativa de mi vida hasta ahora. Sucedió hace diez meses ya y aún siento un nudo en la garganta cuando hablo de ello. El amor de mi vida vivía conmigo, vivimos juntos cuatro meses en mi casa, y un día, sin que yo lo viera venir, tras una discusión sin mucho sentido, tomó todas sus cosas y decidió regresar a la casa de sus padres. Dice la ciencia que cuando sentimos miedo, nuestro cuerpo puede reaccionar de tres maneras: la primera es pelear o atacar, la segunda es huir si vemos que no podemos atacar y la tercera es paralizarnos. En mi caso, aquella noche mi cuerpo optó por la tercera. Recuerdo que mi cuerpo se paralizó, estaba incrédula viéndolo guardar sus cosas y de mi garganta no salían palabras, es real, no podía hablar. Solamente reaccioné cuando él se subió al auto, ahí le detuve del brazo, ahí le pedí que no se fuera, que no me dejara, pero de todas maneras él se fue, se me escurrió entre los manos.

Aquella noche y madrugada solo pude llorar, evidentemente no cerré los ojos esperando que amaneciera para ir a su casa a buscarle, y si adivinas, sí lo hice, le rogué, supliqué, lloré, chantajeé y finalmente, diez meses después estoy aquí, sin esa relación y aún en mi proceso de recuperación.

El día después de terminar una relación es un día oscuro, tremendamente agobiante y crees que siempre va a ser así. Y lo cierto es que no hay acción más bondadosa con nosotras mismas que abrazar aquel día, perdonarnos por lo que sea que hayamos hecho en esos momentos (rogar por ejemplo), y tomar ese día como referencia para comparar lo bien que nos vamos sintiendo con el tiempo. Conocer la oscuridad nos permite apreciar la luz, caer en el límite de nuestra dignidad nos permite saber que una vez abajo, solo podemos subir y seguir subiendo.

Escúchame cuando te digo que sí se puede sanar, que un día, aún en medio del dolor vas a saber que dejar que la persona se vaya fue la mejor decisión de tu vida, porque nadie quiere estar con un hombre que no nos quiere. Escúchame que la vida siempre trae cosas mejores y hay que confiar que si esa persona no quiso quedarse, es todo por nuestro bien. Ánimos.

 
 
 

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