EN BUSCA DEL VESTIDO PERFECTO
- Feb 10
- 3 min read
Ella es Laura, el día de hoy tiene una cena muy importante. Es importante porque quien la invitó es un hombre que ella conoció hace algún tiempo y con quien salió por tres semanas.
Camina por las calles de la ciudad en busca del vestido perfecto. Ella nunca usa vestido pero esta vez se siente segura y quiere impresionarlo. Halla un vestido que le queda divino, se lo prueba, le gusta, lo paga y se va del lugar con la satisfacción como de haber conseguido una medalla. Pero falta un detalle, los zapatos. Laura necesita encontrar los zapatos que hagan juego con el vestido y conoce el lugar perfecto para encontrarlos. Efectivamente cuando llega siente amor a primera vista de unos zapatos negros con rosa y ruega que hayan de su talla. Afortunadamente el último par en la tienda está hecho para ella, como si el destino quisiera que esa velada fuera perfecta.
Cuando llega a casa, Laura trata de no pensar en la cena ni en que después de mucho tiempo volverá a ver a ese hombre. Arregla su casa mientras escucha música, platica con su hermano quien la visita, recoge la ropa limpia, arregla la ropa y finalmente, cuando es tiempo, empieza a maquillarse como si se tratara de un Giotto. Ella no confía en que le pasen cosas buenas en el amor, está cansada de sentirse usada pues así lo ve ella. Escribe en su libreta que las cosas van a salir bien esa noche, que va a volver a hablar con el hombre y a lo mejor un nuevo encuentro resulta de aquella cena.
Cuando por fin acude al lugar lo mira a él con sus colaboradores de trabajo, no pasa nada piensa ella, es mejor así. Conviven, cenan, toman un vino, ella conoce a sus amigos. Él está con su hija, es amable con Laura, la mira, todos sonríen, él les obsequia caramelos, Laura le obsequia el regalo que le había comprado pues la empresa de ese hombre contrata sus servicios profesionales y ella agradece su confianza. La velada termina, el hombre se va con su hija, a Laura la deja en su casa uno de los participantes de la cena y la noche termina sin saber nada más de él.
Cuando Laura llega a su casa siente un vacío en el estómago. Siente que no pasó nada de lo que ella esperaba, pero no le sorprende pues sabe que nunca le han pasado cosas buenas en el amor, o a lo mejor sí, pero las cosas no terminan como ella quiere. Antes de quitarse la ropa se mira el espejo, se siente bonita, piensa que si bien es cierto se arregló para impresionar a alguien, también se arregló porque a ella le gusta mirarse así. Se recuesta en su cama, medita un poco sobre la noche que termina, una lágrima rueda por su mejilla, el vacío en el estómago va siendo reemplazado por sueño y finalmente cierra sus ojos.
A la mañana siguiente Laura se despierta molesta, está molesta con ella misma por la expectativas que puso en la cena del día anterior. Toma a este enojo como un motor de cambio, si bien no le ha ido como ella quiere, ha tenido muchos éxitos profesionales y personales y valora eso. Laura ha tomado una firme resolución: dedicar este nuevo año que viene para ella y para su hija, tomar las clases de cocina que tanto le hacen falta, hacer ejercicio para mejorar su salud, cuidar con más amor de su pequeña, a ayudarla a conseguir sus metas.
La frenética búsqueda de Laura por el vestido perfecto no terminó como ella esperaba pero le ayudó a comprender que no puede seguir esperando. Ella actuó, intentó dar la señal de que las puertas están abiertas pero el mensaje no fue recibido. Ahora ella aprende de esta experiencia y aunque el vacío en su estómago ya no está, la resolución que tomo esta mañana sigue firme y así lo hará.


Comments